Aportes de la Psicología Positiva al coaching

Aportes de la Psicología Positiva al Coaching

Lic. Alejandra Busto / noviembre 2014

Un pequeño recorrido por la historia y desarrollo de la Psicología Positiva es develador de cómo sus aportes al coaching son fundantes, de alguna manera, en la praxis misma de las conversaciones entabladas entre un coach y un coachee.  Este abordaje permitirá establecer claramente los aportes más significativos, a saber: resiliencia, búsqueda de la felicidad, creatividad y rendimiento óptimo; para entenderlos desde una perspectiva situada en los procesos de coaching.   También se mencionarán algunos otros conceptos claves que dentro de la tarea del coach se edifican como elementos interesantes de una caja de herramientas a tener en cuenta.

La Psicología Positiva aparece como corriente teórica en 1998 de la mano de Martin Seligman al tomar el cargo de presidente de la American Psychological Association.  El buen carácter emerge como su supuesto central ya que retoma la idea de que la acción deriva del carácter.  Determinan al carácter como el concepto central del estudio del comportamiento humano, porque su análisis pormenorizado puede responder a la pregunta: ¿por qué la gente hace lo que hace?  Desde allí, se plantea entonces realizar una exploración exhaustiva sobre las causales de la felicidad, como también, trabajar con las personas para el logro de una mejor calidad de vida a partir de potenciar sus fortalezas amortiguando así las adversidades que se deban atravesar.

Estos presupuestos iniciales llevan a sus fundadores a aseverarlos a partir de clasificaciones que determinan, entre otras cosas, una tipología de la felicidad (vida agradable –de corta duración-, buena vida y vida con sentido –la más duradera de las tres-) y un listado más extenso en investigación de fortalezas y virtudes humanas, teniendo en cuenta para ello todas las culturas, el valor en sí mismo de dichas fortalezas y virtudes, y su maleabilidad.  Seligman llama a esta clasificación Anti-DSM.  Desde esta lectura es importante tener en cuenta que una fortaleza es tomada como rasgo en tanto conserve cierto grado de generalidad en cualquier situación y pueda, además, ser sostenida en el tiempo.  Las 24 fortalezas clasificadas por Seligman y Christopher Peterson se encuentran contenidas en 6 virtudes:

 

*sabiduría y entendimiento;

*valor;

*amor y humanidad;

*justicia;

*templanza;

*espiritualidad y trascendencia.

 

Consideran que a través del trabajo individual de las fortalezas de carácter un ser humano puede llegar a desarrollar las virtudes antes mencionadas, alcanzando así una vida con sentido y gestando por ello la auténtica felicidad.

Puede entenderse así cómo el rendimiento óptimo y la búsqueda de la felicidad son dos de los aportes significativos de la Psicología Positiva a los procesos de coaching.  Una manera de entender más fácilmente cómo un coach puede tomar los aportes de la Psicología Positiva en su trabajo es dar cuenta de la diferencia que esta teoría realiza entre los conceptos de fortaleza y capacidad.  Ambos forman parte de este postulado y si bien poseen una línea divisoria que los diferencia de una manera muy endeble, el supuesto de la Psicología Positiva es que las capacidades, en tanto talentos,  no son tan fáciles de trabajar, podría sugerirse como una suerte de desarrollo casi innato de ellas; mientras que las fortalezas, en tanto rasgos morales, pueden edificarse de una manera sólida incluso en personas que hayan cultivado frágilmente dichas fortalezas.  La voluntad, el esfuerzo y la determinación permiten adquirir fortalezas y no capacidades.  En otras palabras, podrá ser en un proceso de coaching donde un coachee pueda obtener un rendimiento óptimo elaborando un trabajo integral con sus fortalezas para alcanzar una mejor calidad de vida; en términos de la Psicología Positiva, desarrollar el camino hacia la auténtica felicidad.

 

 

En este camino de nuevos desafíos teóricos adoptados por la Psicología Positiva se encuentra también el abordaje realizado, y su posterior elaboración en cada persona en particular, sobre las ideas de emociones positivas y emociones negativas.  Será Fredrickson en 1998 quien diseñe un Modelo de ampliación y construcción de emociones positivas, partiendo del supuesto de que éstas son menos numerosas y más difusas que las emociones negativas porque no se las ha tenido verdaderamente en cuenta a lo largo de la historia académica.

El trabajo e indagación con las emociones es una de las herramientas básicas para la labor que el coach realiza en las conversaciones con su coachee, ya sea desde lifecoaching o trabajo de emociones a niveles de grupo o equipos.  Desde este lugar es interesante ver cómo la Psicología Positiva focaliza el trabajo con las emociones positivas para promover la acción y alcanzar un rendimiento óptimo y altos niveles de creatividad, dos de los aportes de esta teoría al coaching si pensamos, por ejemplo, en la planificación de objetivos, búsqueda de resultados deseados, apertura de posibilidades en la declaración a futuro; y otros descubrimientos que se ponen de manifiesto en las conversaciones entre un coach y su coachee.

Cabe destacar que el sentido del humor (dentro de la virtud de trascendencia) es una de las fortalezas más asociadas a la experiencia creativa activa, puesto que no es lo mismo ser creativo-activo desde el humor, que disfrutarlo pasivamente.  Es muy productivo para las persona abordar el sentido del humor en los procesos de coaching. Mucha bibliografía permite dar cuenta de la infinidad de posibilidades que el humor permite ampliar como herramienta para un coach.  El ridículo, la vergüenza, los rechazos posibles, la ambición del yo, los prejuicios que definen al humor como inmadurez, son solo algunos de los obstáculos que imposibilitan la utilización de un humor saludable.  Es esta una de las herramientas más fructíferas que ha aportado la Psicología Positiva a los procesos de coaching.

La importancia de la fusión diversión/trabajo tiene una serie de principios que, aplicados al trabajo y relaciones laborales y a la empresa o negocio, liberarán creatividad, incentivarán la buena moral y promocionarán la efectividad de la persona.” (Yerkes, 2003 en Dalton)

 

Fredickson, a partir de su modelo, señala que las emociones positivas generan una ampliación de las posibilidades de atención, cognición y acción como también una mejora de los recursos físicos, intelectuales y sociales de la persona. Es decir, desde este lugar, las emociones positivas imprimen tendencias de pensamiento y acción al tiempo que inscriben en quien las desarrolla una mayor creación de recursos personales duraderos para afrontar, por ejemplo,  situaciones difíciles.  De esta manera la persona entra en un proceso de transformación a partir del cual se torna más creativa, mejor integrada socialmente y más resistente a las dificultades.  Podría afirmarse, desde mi perspectiva, que son todos estos elementos que colaboran activamente para el desarrollo integral de una persona.

Sin detenerme a presentar aquí una clasificación exhaustiva del funcionamiento de estas emociones, sirve sin embargo destacar que el autor del modelo las agrupa en tres categorías: pasado, presente y futuro.  El trabajo con las emociones positivas se define así también en cada uno de estos espacio-tiempo.  Es lícito sumar aquí también que el estilo explicativo propio de cada individuo, a saber: optimista o pesimista, que se forma en la infancia, está íntimamente ligado a la inteligencia emocional y el desarrollo de las emociones positivas.

 

De esta manera puede aseverarse cómo la vida emocional es sumamente necesaria para comprender la acción de los seres humanos puesto que son las emociones las que predisponen para dichas acciones.  Los procesos de coaching son situaciones altamente emocionales ya que siempre promueven un cambio en nuestro espacio de posibilidades a partir de la declaración de quiebre, el abordaje consciente y la respuesta comprometida hacia la acción.  Es el coach quien ayuda a su cliente a verse a sí mismo y a su entorno a través de las emociones expansivas que les permitan desarrollarse y ampliar el campo de posibilidades.  Será la Inteligencia Emocional desplegada por el coachee la que le permita influir positivamente en su propia conducta y en la de los demás, generando empatía y forjando su propio liderazgo.  Podemos incluir entonces aquí a la Inteligencia Emocional como otro aporte en directa relación con la Psicología Positiva, y en verdad, con las Psicologías Humanistas.

Sabemos que la inteligencia emocional trata tanto de la inteligencia interpersonal como de la inteligencia intrapersonal que, en términos de Howard Gardner, la primera es la capacidad de comprender a los demás, saber cuáles son las cosas que más los motivan, cómo trabajan y la mejor manera de cooperar con ellos.  Por otra parte, la inteligencia intrapersonal es la habilidad de conocernos interiormente para tener una imagen más exacta de nosotros mismos  para lograr mayor eficacia.   Sin deternos al análisis detallado de cada una de estas categorías, es lícito saber que Daniel Goleman habla de dos dimensiones de la competencia emocional: la competencia personal (inteligencia intrapersonal en Gardner) y la competencia social (inteligencia interpersonal en Gardner).  También remarcar la idea de que es la fortaleza del buen humor que influye positivamente en los aspectos intra e interpersonal de la inteligencia emocional.

 

La constitución de una persona como líder conlleva el trabajo de todos estos conceptos que aquí son mencionados.  Es decir que en esta urdimbre de entrecruces teóricos podemos ver cómo los aportes de la Psicología Positiva al Coaching contienen mucho más de las bases filosóficas que definen a la primera.  Vemos, por ejemplo, que la constitución de un Líder es un resultado de estos entrecruces, que muestra cómo esta psicología impacta en la inteligencia emocional y se conecta así con las nociones de liderazgo tal como se concibe y trabaja en un proceso de coaching.  Lo mismo puede extenderse al trabajo con equipos y relación vincular.  Trabajado desde un marco empresarial el liderazgo se relaciona, o debería hacerlo, con una visión positiva y alentadora otorgando un sentido de planificación y dirección.  La inflexibilidad, las malas relaciones y la incapacidad de constituirse como líder son algunos de los motivos por los que los ejecutivos empresariales, entre otros, suelen “descarrilarse”, aún con alto coeficiente intelectual y mucha experiencia laboral, pero con escaso desarrollo de su inteligencia emocional.  El trabajo con un coach puede revertir este panorama con entrenamiento y retroalimentación, más aún que el coeficiente intelectual.  Al desarrollo en el tiempo de la Inteligencia Emocional Daniel Goleman lo llama madurez.

Para alcanzar los objetivos deseados por un cliente en un contexto de desarrollo de Inteligencia Emocional, Goleman sugiere algunas acciones, muy interesantes a tener en cuenta para la tarea específica que un coach entablará con su/sus coachee: evaluar el cargo; evaluar al individuo; dar asesorías con cautela; asesorar si están listos; motivar a los empleados; fomentar a los empleados a que desarrollen sus capacidades; concentrarse en objetivos claros y alcanzables; prevenir caídas; evaluar el cumplimiento; fomentar las prácticas; dar apoyo; proporcionar modelos; estimular; reforzar el cambio; evaluar.

 

En el comienzo de este artículo se establecieron claramente los cuatro aportes significativos de la Psicología Positiva al Coaching y que, en su recorrido albergan, de alguna manera, otros conceptos que los contienen y que también definen una estrecha relación con el coaching.  Así pudimos describir el abordaje de la búsqueda de la felicidad, el rendimiento óptimo y la creatividad, como aportes que contemplan en su haber conceptos como emociones positivas, fortalezas y virtudes, amortiguación de adversidades,  acción, estados de ánimo, sentido del humor, habilidades cognitivas, control emocional, empatía, motivación, autoconciencia, vida agradable y vida con sentido, entre otros.  También se incorporaron breves nociones de inteligencia emocional y liderazgo, por estar también en estrecha vinculación con los conceptos de la Psicología Positiva en contexto con los procesos de coaching.

 

Queda entonces para finalizar este recorrido teórico uno de los mayores aportes estudiados: la resiliencia.

El diccionario Esencial de Literatura Española la define como “saltar hacia arriba, rebotar”. Al hablar de resiliencia entendemos que es la capacidad de una persona de atravesar las dificultades más allá de las circunstancias que se le presenten.  Desde este lugar, la persona ve cierto recurso no solo en el entorno sino también en sí mismo, puede adaptarse fácilmente aceptando su situación existente para transformarla, superar la adversidad y ser también transformado positivamente por ella.  Puede asimismo autodescubrirse como creativo en cualquier ámbito.

Es interesante saber que se han creado instrumentos que permiten medir de diferente modo esta capacidad para así poder identificar las cualidades personales que beneficien la adaptación individual resiliente.         Una persona resiliente posee baja susceptibilidad, es resistente a la destrucción, posee conductas vitales positivas, sabe realizar enfrentamientos efectivos, tiene un temperamento especial y habilidades cognitivas que permiten atravesar y superar situaciones estresantes.

Es claro que la resiliencia es una característica positiva de la personalidad que favorece la adaptación individual y, desde este lugar, es clave para desarrollar procesos de coaching.  En la relación coach –caochee puede fomentarse la resiliencia para ayudar al cliente para salir transformado y fortalecido de sus malas experiencias con una actitud positiva.  Esta capacidad desarrollada y trabajada permite que una persona pueda sobrellevar una vida sana en medios insanos.  Por ello, para desarrollar la resiliencia a través de procesos de coaching, un coach puede motivar y estimular el trabajo de la buena autoestima y autoimagen; indagar para que su cliente pueda conocer sus propias fortalezas y debilidades; cultivar sus aficiones y potenciales; incentivar la expresión de sus sentimientos y necesidades; validar a sus coachees; escuchando activamente; despertando conciencia de fortalezas; generar un proceso de aprendizaje donde el coachee pueda tomar los errores como lecciones y no como fallas o fracasos.

Dado el abordaje realizado con los aportes de la Psicología Positiva es interesante observar que la creatividad, la autoestima, la cooperación, la autonomía y el humor se presentan como algunos de los pilares de la resiliencia.  De aquí se desprenden también muchas otras actitudes conocidas en el ámbito del coaching y que entran en relación directa con el concepto de resiliencia, sin entrar en una exasperada clasificación, podemos señalar: la flexibilidad, la proactividad, el sentido del humor, la reflexión previa a la acción, el autocontrol, el saber pedir ayuda, el optimismo, la construcción de buenas relaciones emocionales, entre otros aspectos.

 

El recorrido teórico de este artículo sellará sus frutos si entendemos que los aportes de la Psicología Positiva a los procesos de coaching colaboran en la construcción de un mundo donde las personas pueden convivir en armonía construyendo sus posibilidades de desarrollo personal en permanente crecimiento.  En este mundo las organizaciones necesitan empleados que puedan trabajar en equipos sesgados por estas características más allá de las geografías y culturas que los atraviesen.  En estas organizaciones los directivos legitiman a sus empleados para confluir en la edificación de un mundo que cosecha amorosa y laboriosamente la paz.

 

Nuestro origen o circunstancia no es necesariamente nuestro destino.  No existe resiliencia si no se metamorfosea el dolor y se lo dota de significado”  (Cyrulnik, Boris)

 

 

 

Bibliografía

 

  • Dalton, Ray, Emociones de agrado y coaching, institutodeestudiosintegrales.com
  • Dalton, Ray, Explorando inteligencia emociona, material preparado para el Instituto de Estudios Integrales.
  • Dalton, Ray, Psicología Positiva y emociones positivas, material preparado para el Instituto de Estudios Integrales.
  • Dalton, Ray, Coaching y el fomento de resiliencia, material preparado para el Instituto de Estudios Integrales.
  • Dalton, Ray, Explorando resiliencia, institutodeestudiosintegrales.com
  • Inteligencia emocional aplicada al liderazgo, material de la Universidad Técnica Federico Santa María, sede Viña del Mar, asignatura: supervisión.
  • Rodríguez, Mariana; Pereyra, María G.; Gil, Esteban; Jofré, Marcos; De Bortoli, Miguel; Labiano, Lilia M., Propiedades psicométricas de la escala de resiliencia versión argentina, material de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad de San Luis, San Luis.
  • Seligman, Martín, 2003, La auténtica felicidad, Barcelona, Ed. Vergara, Grupo Zeta, cap. 4, 8 y 9.
  • Zendejas Hernández, José, La emocionalidad. Varita Mágica del Coaching Empresarial, México, zenco.com.mx, Zendejas Consultores S.A.