Diferenciar entre procesos de coaching, mentoring, capacitación y consultoría

Lic. Alejandra Busto / octubre 2014

En la última década las prácticas relacionadas con la palabra coaching han proliferado, haciendo quizá de este término un vocablo gratuitamente utilizado en experiencias que poco tienen que ver con un proceso de coaching real.   No existe, desde mi punto de vista, una traducción literal al español que pueda acercarnos a la amplitud de su significado; para ello es necesario utilizar sí un conjunto de palabras que acompañen y construyan el sentido al que nos referimos cuando estamos hablando de procesos de coaching, ya sea desde una perspectiva ontológica o integral.

Elijo, casi como una suerte de necesidad implícita, empezar por definir  “proceso de coaching”, para poder luego construir los caminos que lo diferencian de otras dinámicas que pueden asemejarse o bien complementarse pero que circulan en el imaginario social, erróneamente, como coaching o proceso de coaching.

Cuando hablamos de proceso de coaching estamos significando una manera especial, con características particulares,  de construir cierto aprendizaje para resolver algún problema o situación (de cualquier dominio) sobre el que  una persona desea realizar un cambio o marcar alguna diferencia significativa.  Sin  explicitar todas las instancias que lo contemplan y describen, es importante tener en cuenta, sin embargo, que el proceso de coaching deviene en una apertura de la conciencia del coachee en relación con el tema abordado y también, en muchas oportunidades, la puesta en marcha a un despertar conciente de su ser y, como consecuencia de ello, de otros temas que van surgiendo en las conversaciones con el coach y que, de alguna manera, acompañan al tema central planteado en una primera instancia.

Mi pasión por la literatura me ayuda a imaginar este proceso como  el desmembramiento de una gran cebolla, que al despojarse de su cáscara supone que ha encontrado su esencia más vital y, sin embargo, el contacto atento, permanente, amoroso y activo con su coach le permite descubrir que en verdad son muchas las capas de su ser que la contienen y definen como tal, legitimándola.  No es esta tarea fácil, pues al sumergirse hacia su propio centro por un camino aún desconocido, la ahora reluciente cebolla encontrará momentos de luz y otros de sombra; tendrá que tomar muchas decisiones durante el recorrido, aprender a contemplar y también a actuar en emergencia; y así, paulatinamente, comenzará a descubrir un placer indescriptible en este accionar que la construye sobre múltiples posibilidades.  Pero claro, es esta una descripción un tanto romántica para hablar de procesos de coaching, pero no por ello deja de ser práctica para quienes sepan degustar de la energía creativa que la contiene.

 

Los procesos de coaching son prácticas que sorprenden en cada conversación entre coach-coachee con nuevos descubrimientos; si tuviera que describir el momento en que esta práctica finaliza creo que encarnaría un caminar continuo por la sinuosidad que nos presenta el vivir nuestras experiencias más próximas y cotidianasY que, de una manera concreta, pueden cerrar algunos capítulos, pero siempre nos abre posibilidades para desmembrar y pulir nuevas maneras del ser, de nuestro ser.

 

Las conversaciones que mantienen el coach y su coachee son únicas por definición en cada tiempo-espacio. La indagación que se realiza en estas conversaciones (desarrolladas por al menos dos personas) tiene como finalidad descubrir nuevos conceptos o ideas, construir nuevas miradas, diseñar nuevos sistemas integrales; aplicando técnicas, utilizando diferentes herramientas siempre dentro de los parámetros  habilitados por el coachee al narrar su historia y especificar la cuestión que desea resolver.  Esta apertura a lo nuevo por venir es acompañada por el coach en un proceso en el que el coachee despierta.

Así, elijo entonces la palabra “despertares” para pensar en “procesos de coaching”.  Como las capas de aquella cebolla que al descubrirse, se despereza, se observa y decide, envuelta en una actitud proactiva en contacto con su coach, continuar reflexionando al tiempo que se despierta en cada subpersonalidad (capas) en un continuo que la enriquece, la define y la contiene.

Al acercarnos así a la manera en que se desarrolla un proceso de coaching es lícito suponer, en un principio inocente, que las prácticas de mentoring, capacitación y consultoría poseen una identificación concreta muy próxima al coaching y que podrían definirse entonces como procesos similares, casi idénticos.   Este artículo se detiene a diferenciar claramente estas prácticas para poder vislumbrar, de algún modo, sus especificidades y entender que, aún siendo herramientas que pueden complementar un proceso de coaching según el caso particular, no deben ser confundidas como prácticas que se gestan de la misma manera ni que apuntan a buscar idénticos resultados.

 

La persona que trabaja profesionalmente como coach puede implementar tareas, prácticas y herramientas como mentor, consultor y/o capacitador; sin embargo, esto no debe confundir cuál es su rol específico como coach al tiempo de definir claramente su tarea.  En sus conversaciones con el coachee, el coach acciona como un líder que se interesa por despertar en el otro la fuerza interior que lo impulse a desarrollarse como persona en cualquier ámbito de su vida: personal, profesional, laboral, etc.  Inspira, motiva y se compromete con su coachee cada vez en cada conversación para avanzar sobre la problemática o tema a trabajar planteado por su interlocutor (el coachee).  De a poco se genera la empatía y se construye una relación de confianza que colabora en el sano discernimiento del coachee para redefinir creencias, modificar actitudes, diseñar planes de acción, comprometerse con sus cambios  y afirmarse como ser humano en su íntimo descubrimiento como persona.  En este proceso el coach acompaña, se compromete, motiva a despertar la energía creativa interior, escucha activamente, aporta alguna sugerencia (de ser necesario), y colabora para obtener y consolidar los resultados buscados por el coachee.

Esta tarea específica descrita anteriormente no es aquello que hace el mentor, ni el consultor ni el capacitador en su desenvolvimiento en particular. Son actividades todas diferentes, que pueden combinarse y complementarse inteligentemente pero conociendo cuáles son los límites y especificidades de cada área en particular.  Para un coach es importante tener en cuenta que establecer estos límites diferenciales favorece su tarea como profesional.  Esto se debe a que posibilita una clara perspectiva para determinar en cada situación, ya sea individual, con un equipo, grupo de personas, en una empresa u organización cuáles van a ser las herramientas necesarias a utilizar como aporte que sume beneficio y valor no solo a su profesión en tanto coach, sino –principalmente- a sus clientes.

En este contexto prefiero establecer una diferencia inicial que puede aportar mayor claridad.

Comparando los procesos de coaching con la consultoría, el mentoring y la capacitación, puede establecerse una primera distinción (respecto del coaching) entre capacitación por un lado y mentoring y consultoría por otro.  Desde esta agrupación, entiendo que la capacitación es una actividad académica que complementa a muchas otras profesiones, disciplinas y oficios en general, y sería restrictivo hablar de ella solo en relación a sus diferencias con los procesos de coaching.  Quien se interese en perfeccionarse como orador capacitándose también en cierto dominio y coordinación de grupos podría, desde su profesión, cualquiera esta sea, diseñar y dictar seminarios, talleres, charlas y/o conferencias relacionadas a las temáticas del dominio académico que entiende, o bien de áreas de investigación que esté desarrollando dentro de su profesión en particular.           Desde esta perspectiva es que interesa mayormente entender qué es lo que diferencia al mentor y al consultor del coach.

Tanto el mentor como el consultor establecen con sus clientes una relación de consejeros expertise en el área, tema o problemática para la que fueron contratados.  Ahora bien, el mentor es una persona que transmite sus conocimientos para orientar a su interlocutor y desde la antigüedad se lo ha considerado como alguien mayor en edad que aquel a quien mentorea.  Hay, si se quiere, una suerte de relación más silenciosa que se gesta y define desde la aceptación personal del mentado al reconocer a su mentor y legitimarlo como tal en su interior.  Muchos coachs con experiencia aplican este tipo de relación con sus coachees desde su profesión como coachs.  Los hay quienes lo hacen desde un saber cultivado en una ardua experiencia profesional y laboral y también quienes lo hacen desde el inicio de sus actividades.  A este último grupo prefiero entonces definirlos como consultor expertise, porque considero que el mentor conlleva una sabiduría especial que se nutre en la relación misma y específica con aquel a quien está guiando.  Por su parte, el consultor se especializa en el área determinada para la que fue contratado y es su experiencia práctica en el tema la que delinea su actividad como profesional.  Podría relacionarse también con otras profesiones como economía y abogacía, por ejemplo, dado la experiencia en particular en algunos temas; sin por ello ser necesariamente un capacitador en el área sino un profesional consultor contratado específicamente para resolver asuntos pertinentes al campo que conoce y domina con experiencia.

Puede afirmarse entonces que el coach no es un mentor ni un consultor puesto que no ofrece respuestas sino que pone sobre el tapete de su coachee preguntas para que éste pueda apelar a su propia sabiduría interior y obtener los resultados buscados.  Un proceso de coaching es entonces una manera particular en que una persona busca desarrollarse integralmente como ser humano; la capacitación, en tanto,  es un ejercicio laboral que acompaña al profesional que le interese construir su profesión desde dinámicas de aprendizaje; la consultoría, por otra parte, es una disciplina que puede complementar la tarea de un coach favorablemente mientras que desarrolla su profesión gestándolo como expertise en áreas específicas determinadas por el propio interés del coach; el mentor, sin embargo desde mi perspectiva, es un guía elegido exclusivamente por una persona debido a sus características particulares a quien le imparte confianza y sabe que puede consultar como una suerte de consejero en todos los ámbitos de su vida.

Conocer las fronteras que circunscriben cada uno de estos conceptos habilita al coach a diagramar su profesión con mayor apertura de posibilidades, al tiempo que aumenta su valor profesional entendiendo claramente el campo de acción  al que accederá en cada experiencia en particular.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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